Un joven insolente

11 de abril de 1912, Titanic

 

¡Será estúpido el condenado canalla ese! No me puedo creer que álguien pueda ser tan insolente con una estrella como yo... Una no puede ya ni tomarse un té tranquila. Al llegar al café con mi nuevo vestido de organza, he pedido un té que no me ha dado tiempo a probar. Mientras miraba distraída a la puerta, un joven sinvergüenza ha interrumpido mis pensamientos al entrar por ella y acercarse a mí con una mirada extraña y una estúpida mueca en la boca. Al ver que se dirigía hacia el lugar en el que yo estaba y con toda la intención de hablarme, me he dado la vuelta para evitar cualquier contácto con él... ¡Y de repente se ha echado a reír! Obviamente no pensaba permitírselo y le he dejado bien claro que conmigo no no hay gracietas que valgan.

 

He tenido que salir indignada del café y pasear por la cubierta del barco para poder respirar un poco de aire fresco y tratar de olvidar mi enfado.

 

Siguiente página >